Dra. Silvia Artero Fullana1 y Dr. Gabriel Ogaya Pinies1,2
1. Servicio de Urología, Hospital General Universitario Gregorio Marañón
2. Lyx Urología
Introducción
La cirugía robótica ha transformado profundamente la práctica quirúrgica moderna al mejorar la ergonomía del cirujano, la visión tridimensional, la precisión del movimiento y la capacidad de ejecutar procedimientos complejos mediante abordajes mínimamente invasivos. La telecirugía añade un elemento adicional: la separación física entre el cirujano y el paciente. [1]
Durante años, la telecirugía permaneció en el ámbito de las posibilidades tecnológicas más que en el de la práctica clínica. Aunque la Operación Lindbergh (Nueva York-Estrasburgo, 2001) demostró con éxito la factibilidad de la cirugía transatlántica remota, las limitaciones en conectividad, infraestructura y costes impidieron su adopción asistencial más allá del ámbito experimental.
Sin embargo, la década actual ha marcado un punto de inflexión: el desarrollo de fibra óptica, redes 5G, plataformas robóticas con tecnología nativa de telecirugía, sistemas de telepresencia y algoritmos de apoyo ha transformado aquella promesa en una herramienta clínica aplicable, con ejemplos en distintos países como España, Bélgica, Reino Unido, Brasil, Indonesia e incluso programas activos en Angola o China. En este nuevo escenario, la telecirugía se plantea como una extensión natural de la cirugía robótica y como una posible respuesta a desequilibrios históricos en el acceso a cirugía especializada. [2,3]
Potencial humanitario y valor para la salud global
Uno de los argumentos más relevantes a favor de la telecirugía es su potencial para reducir desigualdades sanitarias. En muchas regiones, los pacientes no acceden a cirugía compleja no por ausencia de indicación clínica, sino por falta de especialistas, limitaciones geográficas, dificultades de desplazamiento o concentración de tecnología en grandes ciudades. [2]
La telecirugía podría permitir que cirujanos expertos participen directamente en la atención de pacientes ubicados en regiones remotas o con escasa disponibilidad de especialistas, incluyendo hospitales periféricos, zonas afectadas por catástrofes o de conflicto, así como áreas geográficamente aisladas. Desde esta perspectiva, la telecirugía trasciende el ámbito de la innovación tecnológica para convertirse en una potencial herramienta de equidad sanitaria.
Las experiencias recientes ilustran este potencial de forma tangible. Entre ellas destaca un ensayo clínico recientemente completado entre Orlando (Estados Unidos) y Luanda (Angola), cuyos resultados se publicarán próximamente. En España, ya se han realizado procedimientos urológicos entre Barcelona y las Islas Canarias, demostrando la viabilidad de conectar centros separados por cientos de kilómetros y por una barrera geográfica natural. Del mismo modo, la experiencia desarrollada en Indonesia pone de manifiesto la utilidad de esta tecnología en entornos archipelágicos, donde la dispersión territorial dificulta el acceso a cirugía altamente especializada.
Además, su valor humanitario no se limita al acto quirúrgico. También puede facilitar teleproctoring o formación quirúrgica remota, la colaboración entre centros de referencia y creación de redes internacionales de excelencia. [4]
Aplicaciones actuales en urología
La urología ha sido una de las especialidades que más rápidamente ha incorporado la cirugía robótica, especialmente en prostatectomía radical, nefrectomía parcial, pieloplastia, cistectomía radical y cirugía reconstructiva. Por ello, resulta lógico que algunas de las primeras experiencias publicadas de telecirugía robótica moderna procedan del ámbito urológico.
Los modelos experimentales intercontinentales desarrollados entre Orlando y São Paulo han permitido evaluar la telecirugía en escenarios controlados, proporcionando información valiosa sobre parámetros críticos como la latencia, la estabilidad de la conexión, la coordinación entre el cirujano remoto y el equipo local, así como la capacidad de respuesta ante posibles contingencias técnicas [5]. En paralelo, el primer ensayo clínico aleatorizado de telecirugía urológica, un estudio multicéntrico de no inferioridad realizado en cinco hospitales chinos que incluyó 72 pacientes sometidos a telecirugía o cirugía local para prostatectomía radical robótica y nefrectomía parcial robótica, ha aportado la evidencia clínica más sólida disponible hasta la fecha. Más allá de confirmar la viabilidad técnica del procedimiento, este estudio demostró resultados perioperatorios comparables a los obtenidos mediante cirugía convencional presencial, reforzando la idea de que la telecirugía puede evolucionar desde experiencias experimentales aisladas hacia modelos asistenciales estructurados. [6]
Esta transición también se ha visto reflejada en las primeras experiencias clínicas realizadas con plataformas diseñadas específicamente para telecirugía, como Toumai® (MicroPort MedBot) y Edge Medical. Los procedimientos de prostatectomía radical robótica realizados a distancia mediante conectividad 5G han demostrado la viabilidad de abordar intervenciones urológicas complejas sin incidencias técnicas ni retrasos clínicamente relevantes, consolidando un escenario que hasta hace pocos años parecía reservado al ámbito de la innovación tecnológica [3]
Retos técnicos: latencia, conectividad y continuidad operativa
La latencia sigue siendo el principal obstáculo técnico de la telecirugía. En términos prácticos, representa el tiempo transcurrido entre el movimiento realizado por el cirujano en la consola y la respuesta del instrumento robótico en el paciente. Una latencia elevada puede comprometer precisión, fluidez, seguridad y confianza del operador. [1,5]
La primera telecirugía intraeuropea en Bélgica alcanzó 20 ms a 25 km con V-LAN y respaldo 5G. Los estudios multicéntricos chinos reportan latencias de 38–55 ms en distancias de hasta 5.000 km. Estos datos sugieren que, con una red adecuada, la latencia puede mantenerse dentro de umbrales clínicamente aceptables aun en largas distancias.
Las soluciones actuales se centran en conexiones de baja latencia, fibra óptica dedicada, 5G, redundancia de redes, monitorización continua de la señal y protocolos de conversión inmediata a cirugía local o interrupción segura en caso de fallo. [1,6]
La telecirugía exige, por tanto, una infraestructura más compleja que la cirugía robótica convencional. No basta con disponer de un robot, se requiere una red robusta, un equipo local entrenado, protocolos de contingencia y una gobernanza técnica clara.
Ética, consentimiento informado y responsabilidad profesional
La telecirugía introduce interrogantes éticos específicos. El paciente debe comprender que el cirujano principal puede estar físicamente lejos, que existe dependencia de una red de comunicación y que, aunque se utilicen sistemas redundantes, pueden producirse fallos técnicos, y por ende el consentimiento informado debe contemplar de forma explícita estos elementos. [1,5]
También surgen dudas sobre la responsabilidad legal en procedimientos transfronterizos: qué legislación aplica, dónde debe estar acreditado el cirujano, quién asume la responsabilidad ante una complicación y qué papel corresponde al equipo local. Estas cuestiones son especialmente relevantes cuando el cirujano, el paciente, la plataforma robótica y el hospital pertenecen a jurisdicciones distintas. [5,9]
La literatura reciente insiste en que la telecirugía no debe abordarse como una simple demostración tecnológica. Debe considerarse un acto médico completo, sujeto a los mismos estándares de seguridad, trazabilidad, consentimiento, auditoría y evaluación de resultados que cualquier procedimiento quirúrgico presencial. [5,9] En este sentido, la política de la Asociación Europea de Urología (EAU) sobre Telecirugía, exige entre otros que los pacientes conozcan al cirujano de forma remota antes de la intervención, que el consentimiento informado sea explícito y que los resultados sean comunicados, siendo el primer marco institucional que traduce estos principios en criterios operativos concretos. [10]
Ciberseguridad y protección de datos
La transmisión en tiempo real de imágenes, comandos quirúrgicos y datos clínicos convierte la ciberseguridad en una prioridad. En telecirugía, una vulnerabilidad informática puede tener consecuencias clínicas inmediatas. Por ello, las plataformas deben incorporar cifrado, autenticación, control de acceso, redes privadas, monitorización de intrusiones y protocolos de desconexión segura. [1,7]
La protección de datos también adquiere una dimensión internacional cuando la conexión cruza fronteras. En esos casos, deben integrarse: las normativas locales de privacidad, la regulación de dispositivos médicos y los requisitos institucionales de custodia de información clínica. [3,11] El Código de Conducta de la EAU establece que la dignidad y confidencialidad del paciente deben preservarse y que la financiación y los posibles conflictos de interés deben ser transparentes. [10]
Teleproctoring, formación y transferencia de conocimiento
Una de las aplicaciones más inmediatas de la telecirugía será la del teleproctoring. La posibilidad de que un cirujano experto supervise, asesore o incluso tome control en momentos críticos
puede acelerar la curva de aprendizaje y aumentar la seguridad en centros que comienzan programas robóticos complejos. [4,8]
Este modelo es especialmente atractivo para procedimientos de alta complejidad o baja frecuencia, donde la experiencia se concentra en pocos centros. La telecirugía puede funcionar como una infraestructura de transferencia de conocimiento, conectando centros expertos con hospitales emergentes sin necesidad de desplazar físicamente a los profesionales, ni al paciente y familiares.
Conclusiones
La telecirugía robótica se encuentra en una fase de transición entre la innovación experimental y la potencial adopción clínica estructurada. Los avances en conectividad, plataformas robóticas, telepresencia y protocolos de seguridad han reactivado una idea que durante años parecía inalcanzable. [1,9]
Su mayor promesa es humanitaria: llevar la experiencia quirúrgica allí donde no existe o donde llega tarde. Sin embargo, esta promesa solo será legítima si se acompaña de una implementación rigurosa y ética, centrada en la seguridad del paciente. [2,3]
Los avances consolidados en la última década con las primeras telecirugías han creado un terreno fértil para avanzar en investigación, formación, teleproctoring y diseño de redes quirúrgicas internacionales. El futuro no será simplemente operar desde lejos, sino construir sistemas quirúrgicos conectados, seguros y auditables que permitan compartir conocimiento experto en tiempo real.
Bibliografía
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3. Moschovas MC, Rogers T, Xu W, Perera R, Zhang X, Patel V. First impressions of telesurgery robotic-assisted radical prostatectomy using the Edge medical robotic platform. Int Braz J Urol. 2024;50(6):754-763. doi:10.1590/S1677-5538.IBJU.2024.0458. PMID: 39226445.
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