Dr. Juan Antonio Máinez
Hospital Universitario La Paz
En las últimas décadas, la tecnología láser ha pasado de ser un instrumento experimental a convertirse en el armamentario básico de cualquier servicio de urología. Su precisión, la posibilidad de realizar procedimientos mínimamente invasivos y los buenos resultados clínicos obtenidos han contribuido a su progresiva integración en distintas áreas de la especialidad.
El interés del láser en urología se explica en gran parte por sus propiedades físicas. A diferencia de otras fuentes de energía utilizadas en cirugía, el láser permite aplicar energía de forma muy localizada y controlada, lo cual lo convierte en una herramienta muy segura en quirófano. Dependiendo de la longitud de onda, la potencia o el modo de emisión, se pueden obtener distintos efectos sobre el tejido, como corte, coagulación, vaporización o fragmentación. Esta versatilidad es precisamente lo que ha permitido ampliar sus indicaciones en la práctica clínica.
Uno de los ámbitos donde el láser ha tenido mayor impacto es el tratamiento de la litiasis urinaria. La combinación de ureteroscopia flexible y litotricia láser ha cambiado de forma notable el manejo de los cálculos renales.
Durante años, el láser de holmio:YAG (Ho:YAG) ha sido el sistema más utilizado en la fragmentación de litiasis. Su longitud de onda presenta una elevada absorción por el agua, lo que facilita una interacción eficaz con los tejidos y con los cálculos urinarios. Más recientemente, han surgido nuevas tecnologías, como el láser de fibra de tulio (TFL) o el tulio:YAG (Tm:YAG), que están ganando indicaciones y sustituyendo en algunos servicios al láser de holmio.
Otra área donde el láser ha ganado protagonismo es la cirugía prostática para el tratamiento de la hiperplasia prostática benigna. En particular, la enucleación prostática con láser de holmio (HoLEP) se ha consolidado como una alternativa eficaz a la resección transuretral de próstata y al uso del láser verde que tuvo su protagonismo en la década del año 2000.
Además, los resultados a largo plazo han sido especialmente favorables, con tasas muy bajas de reintervención. Esto ha contribuido a que muchos centros incorporen progresivamente esta técnica, aunque su adopción todavía puede verse limitada por una curva de aprendizaje relativamente exigente.
El láser de tulio también se ha incorporado al tratamiento quirúrgico de la hiperplasia prostática mediante técnicas como la vaporesección o la enucleación anatómica.
En oncología urológica, el láser también ha comenzado a desempeñar un papel interesante. Al ya consolidado uso en tumores del tracto urinario superior, se une los nuevos usos en el tratamiento del cáncer vesical no músculo-invasivo. La resección transuretral con láser se ha propuesto como alternativa a la resección convencional. Entre sus posibles ventajas se incluyen una menor incidencia del reflejo obturador, un menor riesgo de perforación vesical y una mejor calidad de las muestras obtenidas para el estudio anatomopatológico.
En este contexto, la resección en bloque del tumor vesical mediante láser ha despertado especial interés. Esta técnica permite extirpar la lesión en una sola pieza, lo que facilita la evaluación histológica y reduce la fragmentación tumoral.
En uro-ginecología también se ha popularizado el uso de láseres de distintas energías para el tratamiento de la menopausia, incontinencia urinaria y los llamados tratamientos de rejuvenecimiento vaginal. Si bien la evidencia científica es más limitada, y su uso también, menos generalizado.
En cualquier caso, todo apunta a que el papel del láser en urología seguirá creciendo en los próximos años. El desarrollo de equipos más compactos y eficientes, junto con nuevas aplicaciones clínicas, probablemente ampliará aún más sus indicaciones. Además, el aumento de casas comerciales que disponen de ellos, aumenta la competencia y hace que los precios sean más competitivos.
Para el urólogo actual, comprender las posibilidades y limitaciones de estas tecnologías es fundamental para poder integrarlas de forma adecuada en la práctica clínica y ofrecer a los pacientes tratamientos cada vez más precisos y menos invasivos.